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Marcos, un joven emprendedor con grandes sueños. Cuando abrió su negocio, el aroma a pan recién horneado atraía a amigos y conocidos en busca de delicias para combatir el frío del invierno. Sin embargo, cuando llegaron los meses de calor, las ventas de Marcos sufrieron un declive notable.

El negocio se volvió cada vez más difícil de mantener, y Marcos se encontró luchando para pagar el alquiler del local. Desde que era un niño, Marcos había soñado con el poder tener su propia panadería, pero su familia provenía de una larga línea de gerentes de empresas que desconfiaban de su deseo de emprender.

Lo comparaban con su primo Raúl, quien habia emprendido un negocio de abarrotes y siempre estaba luchando para mantenerlo a flote. Un día, mientras conducía por la ciudad, Marcos pasó junto a un parque y fue transportado a su infancia feliz.

Observó a un grupo de niños jugar con una imaginación desenfrenada, convirtiendo los objetos simples en juguetes imaginarios. Esa escena despertó algo dentro de Marcos, y decidió aprovechar las lecciones de la niñez para revitalizar su negocio.

Regresó para la panadería con una nueva determinación, decidido a utilizar su curiosidad ilimitada, su creatividad sin límites y su resiliencia total para reinventar su negocio. Recordó cómo los niños convertían simples ingredientes en juegos divertidos, y se inspiró para experimentar con su producto estrella: el pan.

Marcos comenzó a innovar, creando conos de pan de diferentes formas, colores y sabores, inspirados en la escena del parque. También desarrolló ramos de pan, adaptándose a las necesidades cambiantes de sus clientes. Y cuando el verano llegó de nuevo, Marcos presentó su innovación más audaz: conos de pan rellenos de helado.

Pronto, los conos de pan se convirtieron en un éxito rotundo, y Marcos expandió su negocio, vendiendo sus creaciones a cafeterías y heladerías locales. Con el tiempo, logró estabilizar sus ventas durante los meses de verano, y su panadería comenzó a prosperar.

Ser como un niño en tu negocio implica tener curiosidad sin límites que los impulsa a cuestionar y explorar constantemente. La mente de un niño es un bastión de creatividad sin restricciones. No se ven limitados por las convenciones sociales.

A pesar de los fracasos y contratiempos, tienen la capacidad de sacudirse el polvo y seguir adelante con renovado entusiasmo. Al adoptar esta mentalidad de niño, podemos desbloquear un mundo de posibilidades infinitas y revitalizar nuestro enfoque empresarial.