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En el mito griego, Casandra, la sacerdotisa de Apolo, fue bendecida con el don de la profecía. Sin embargo, arrastraba la maldición de que nadie creyera en sus predicciones. En el mundo empresarial actual, a menudo nos encontramos con situaciones donde hay señales evidentes de problemas, pero al igual que en la historia de Casandra, estas señales son ignoradas o minimizadas.

Las señales de fuga de talento pueden ser evidentes: vacantes que permanecen abiertas durante meses, candidatos que declinan ofertas sin explicaciones y empleados que renuncian poco después de ser contratados. Estos son, signos claros de que algo no está bien en el tejido organizacional.

A pesar de ello, al igual que en la historia de Casandra, líderes y directivos parecen obviar estas señales, tal vez por la complacencia de su entorno que no les transmite la realidad, por falta de humildad o por una mera falta de percepción y/o conciencia..

Pueden publicar ofertas laborales una y otra vez, e invertir miles de pesos en recursos para la búsqueda de talento sin comprender que el desafío trasciende la mera atracción de nuevos profesionales. Muchos líderes asumimos erróneamente que la información a nuestro alcance es infalible.

Como consultoras de atracción de talento en Partners Reclutamiento, observamos que cuánto más énfasis se pone en la jerarquía —y no solo verbalmente, sino a través de acciones que demarcan claramente el poder— menos información veraz fluye hacia la dirección. Cuanto más vulnerables y expuestas se sienten las personas, más guardan silencio.

Podemos aprender de todas las disciplinas, tomar miles programas y seguiríamos teniendo puntos ciegos cuando de personas se trata, hay limitaciones que van más relacionadas con la interacción humana que con una fórmula matemática.  El cerebro nunca deja de cambiar por lo tanto no dejamos de aprender y transformarnos, al cambiar el cerebro, cambia nuestras acciones y deseos.

La parábola de Casandra nos sirve como recordatorio de que las señales siempre están presentes; pero es esencial reconocerlas y actuar en consecuencia. En lugar de ignorar las advertencias, debemos reflexionar sobre las raíces de los problemas: ¿existen fallos en la cultura corporativa? ¿Hay deficiencias en el liderazgo? ¿La empresa no logra retener y motivar a su talento?

Todo lo bueno y lo mejorable en una organización está vinculado al liderazgo a cargo. La auténtica sabiduría radica en reconocer y abordar los problemas antes de que se manifiesten.

¡Escucha el eco de los pasillos de tu oficina!

¡Sonríe! Paty Vargas