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En nuestro último sondeo de mercado encontramos algo que, de entrada, puede parecer extraño:

un contador puede estar alrededor de $16,000 y otro llegar a $98,000 MXN.

Y alguien podría preguntarse:

“¿Por qué tanta diferencia, si al final los dos son contadores?”

Si muchas veces el nombre puesto varía, pero se requiere es que tenga conocimientos contables. La respuesta está en lo que hay detrás del título. Un contador puede estar enfocado en la operación: registrar, conciliar, cerrar y mantener la información en orden. Otro puede interpretar las finanzas, anticipar riesgos, conocer profundamente la legislación fiscal o la prevención de lavado de dinero. También encontramos los que tienen capacidad desarrollada de dirigir personas, tener poder de representación, participar en dictámenes, firmar o asumir responsabilidades que pueden impactar directamente al negocio.

El título es el mismo. La responsabilidad no.

Y tampoco es la misma la experiencia que hay detrás. Cuando pagamos por un perfil de $98,000, no estamos pagando simplemente que “sepa contabilidad”. Estamos pagando por lo que ya ha visto, lo que ya resolvió, las decisiones que puede tomar y, sobre todo, por aquello de lo que puede hacerse cargo.

Porque entre más queremos que alguien resuelva, decida y responda, más experiencia, criterio y capacidad necesitamos.

Y eso tiene un valor.

Al final, quizá la pregunta no debería ser:

“¿Por qué cuesta tanto un contador?”

Sino:

“¿Qué necesito que este contador sea capaz de resolver para mi empresa?”

Porque ahí es donde empieza a entenderse la diferencia entre $16,000 y $98,000.

Sonríe
Paty Vargas