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Hace unos días estaba comprando un café para una de mis hijas.

Mientras esperaba, dos muchachos estaban platicando. No los conocía, pero era imposible no escucharlos. Hablaban de lo mal que les iba en su trabajo. Que el jefe, que los clientes, que el horario, que ya no aguantaban.

Cuando se fueron, me quedé pensando.

¿Qué hace una persona en un lugar donde todos los días se siente así?

Días después entrevisté a Sofía. Me dijo algo así: Mi trabajo no me deja comer a mis horas. Le pregunté: ¿Y quién decide a qué hora comes? Se quedó pensando. Me explicó que eran los correos, las llamadas, los clientes, los mensajes… Cuántas decisiones que son nuestras se las entregamos al trabajo sin darnos cuenta.

Sí, hay profesiones muy demandantes. Hay días que terminas agotada. Siempre habrá días difíciles. Por ejemplo, los médicos. Habrá presión, errores y momentos complicados. Ningún trabajo es perfecto.

La felicidad en el trabajo no significa que todos los días sean buenos. Significa que, aun con los retos, encuentras razones para disfrutar lo que haces.

Puedes llegar muy cansada… y aun así sentirte feliz.

Porque el cansancio pasa. Lo que pesa en realidad es pasar tus días haciendo algo que no disfrutas, que no te motiva y a lo que no le encuentras sentido.

Cuando haces algo que te gusta, que te reta, que está conectado con tu propósito de vida, el cansancio se siente diferente. Hay satisfacción. Hay autorrealización. Sientes que el esfuerzo valió la pena.

Pero cuando la mayoría de tus días los vives con enojo, frustración o pensando que no quieres regresar mañana, quizá es momento de hacerte una pregunta incómoda: ¿qué sigo haciendo aquí?

Y, como líderes, también vale la pena preguntarnos: cuando sabemos que alguien ya no está feliz, porque cuando alguien no disfruta su trabajo se nota, ¿por qué no hacemos nada?

Pensar que “ese es su problema” quizá sea la respuesta más fácil, pero no siempre la más responsable.

La felicidad en el trabajo no significa no tener días malos; seguro los habrá, y muchos. Significa que, a pesar de ellos, sigues encontrando razones para querer regresar mañana y ser cada día mejor.

¡Sonríe!

– Paty Vargas.