No estamos solo trabajando.
Muchas estamos al frente: de una empresa, de un equipo, de un proyecto… y también de una familia.
Porque también tenemos sueños profesionales…
Y comprendimos que la maternidad y los sueños sí se llevan. También entendimos que solas no podemos: ocupamos una red de apoyo.
Y no siempre estamos criando bebés.
Muchas estamos en esa etapa poco hablada: la de los adolescentes. Ya no te gritan “mamá” todo el día, pero te necesitan más de lo que parece. Te prueban, te observan, buscan respuestas en tus gestos, no en tus discursos.
Mientras tanto, estás en juntas, resolviendo pendientes, tomando decisiones. Sí, hacemos todo eso… pero también llegamos a casa y seguimos presentes.
Me emociona ver cómo hay cada vez más líderes —sí, hombres también— que entienden esto, que lo valoran y lo apoyan. Eso habla de madurez, de evolución.
Pero también pienso:
Si más empresas dieran oportunidades reales…
Si nuestra infraestructura laboral apoyara de verdad a las mamás… Quizá Culiacán hoy sería distinto.
Quizá si entendiéramos que una mamá no necesita “tiempo para ella”, sino tiempo para estar donde importa, habría más hijos acompañados y menos historias que lamentar.

