En las últimas semanas, la vulnerabilidad ha tomado protagonismo en nuestras mentes. Muchos nos preguntamos cómo tomar mejores decisiones en nuestras empresas y comunidades. He recibido numerosas llamadas y todos compartimos un sentimiento común: el miedo. Algunos disfrazan su temor, otros lo procesan hablando, y algunos se quedan solos con sus pensamientos.
En este escenario incierto, recordamos la frase de Theodore Roosevelt en “The Man in the Arena”, donde se nos invita a entrar al ruedo, a actuar a pesar de los riesgos. Es precisamente aquí, en la vulnerabilidad, donde encontramos oportunidades para aprender y crecer.
La vulnerabilidad no debe ser vista como un obstáculo, sino como una oportunidad. Como bien dice Brené Brown en su libro “Dare to Lead”, mostrar vulnerabilidad es un acto de valentía. La vulnerabilidad, cuando se abraza, permite a los líderes y a sus equipos reconocer sus limitaciones y la necesidad de apoyo.
Según Brené Brown, experta en vulnerabilidad y liderazgo, este enfoque no solo fortalece la conexión entre líderes y equipos, sino que también impulsa la innovación y el aprendizaje.
Esto es especialmente crucial en tiempos inciertos, donde las decisiones deben tomarse rápidamente. Al permitir que los colaboradores se sientan seguros al expresar sus preocupaciones y errores, se fomenta un ambiente de confianza que facilita la adaptación y el crecimiento. La toma de decisiones en circunstancias volátiles requiere la habilidad de escuchar a los demás y estar dispuesto a adaptarse.
Así como Theodore Roosevelt en su discurso “The Man in the Arena” nos anima a entrar al ruedo, los líderes que «entran al ruedo» son aquellos que no se limitan a observar o criticar, sino que se atreven a actuar, sabiendo que la vulnerabilidad y el fracaso son parte del proceso.
Theodore Roosevelt, «The Man in the Arena»: «No es el crítico quien cuenta; ni el hombre que señala cómo el fuerte tropieza, o dónde el que hace las obras podría haberlo hecho mejor.»
El crédito pertenece al hombre que está realmente en la arena, cuyo rostro está cubierto de polvo, sudor y sangre; quien se esfuerza valientemente; quien yerra, quien falla una y otra vez, porque no hay esfuerzo sin error ni fallo…
¡Sonríe!
– Paty Vargas.

