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Hace años, en mi primer proyecto de sueldos, escuché una frase que nunca olvidé: “Aquí todos ganan parecido, porque así nadie se queja”. En el momento sonó lógico… hoy ya no funciona tanto y, con el tiempo, entendí que esa lógica mata la motivación y el equilibrio.

No todos los puestos pesan lo mismo, no todos impactan igual, y pretender tratarlos por igual es ignorar lo que cada persona realmente aporta.

Por eso hoy insisto tanto en clasificar los puestos. No es teoría complicada, es reconocer la diferencia entre:

  • El que marca la visión.
  • El que sostiene la operación diaria.
  • El que, en silencio, mantiene todo en orden.
  • Y el que apenas empieza a crecer.

En los niveles gerenciales y directivos entendí que no todo se trata del impacto del puesto; también pesan los acuerdos con los que inició la relación. Y a veces ese impacto no fue lo que se esperaba… no es cuestión de decir “bájale el sueldo”, sino de pensar cómo equilibrar y compensar con valor real lo que se acordó.

Cuando logramos verlo así, las políticas salariales dejan de ser un tabulador frío y se convierten en una herramienta para valorarretener y dar sentido de equidad.

“Al final, lo que buscamos no es justicia, sino consistencia entre lo que la gente hace y lo que recibe.”

¡Sonríe!
– Paty Vargas.