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n el mundo laboral, se habla mucho de la equidad de género, la diversidad y la inclusión. Sin embargo, hay un tema del que pocos se atreven a hablar abiertamente: la edad de las mujeres en el entorno laboral ¿Por qué, a partir de los 40 años, la experiencia y el talento parecen pasar a un segundo plano mientras la apariencia y la juventud se vuelven la medida de valor?

Nos quejamos de que no hay talento, pero ¿será que solo queremos contratar a mujeres menores de 35 años? En un país donde más de la mitad de la población son mujeres y una gran parte está en edad productiva, excluir a las que han acumulado más experiencia puede ser un error costoso. A los 40, muchas mujeres enfrentan un dilema: seguir creciendo profesionalmente o luchar contra un entorno que, de manera sutil o directa, les recuerda su edad como si fuera un problema.

Un 97% de las mujeres que entrevisté 2024 afirma que, en su entorno laboral, la edad es un tema recurrente, ya sea en forma de bromas o comentarios que parecen inofensivos, pero que dejan claro que envejecer se ha convertido en algo no bien visto.

Lo paradójico es que la ciencia ha demostrado que las mujeres no somos menos productivas con la edad, sino todo lo contrario. Dos semanas después de la menstruación, alcanzamos picos de energía y enfoque que nos permiten hacer en ese tiempo lo que otros tardan un mes en lograr esto incluye a todas sin importar la edad que tengan su periodo. Y aun así, seguimos siendo cuestionadas.

Durante la perimenopausia y la menopausia, muchas mujeres siguen aportando valor, pero se enfrentan al prejuicio de que han perdido su «vitalidad», cuando en realidad su experiencia, estabilidad y visión estratégica deberían ser vistas como activos clave. Irónicamente, son muchas veces otras mujeres en posiciones de liderazgo quienes refuerzan estas barreras.

Todos tenemos la responsabilidad de construir puentes en lugar de levantar muros. Todos, sin importar el género, vamos a envejecer, y lo lógico sería preparar un entorno donde la edad no se convierta en un motivo de exclusión. Entender los ciclos de vida y cómo afectan la productividad permite gestionar equipos de forma más eficiente. Hoy ya hay compañías que ajustan cargas de trabajo en función de los momentos de mayor rendimiento de su gente, y los resultados han sido positivos. No se trata de dar concesiones, sino de aprovechar la diversidad de edades como una ventaja competitiva.

Las empresas tienen en sus manos la oportunidad de cambiar esto. Entender las fases biológicas de las mujeres no es un acto de concesión, sino una estrategia inteligente. Ajustar cargas de trabajo en función de los momentos de mayor rendimiento, brindar flexibilidad y erradicar sesgos de edad no solo es justo, sino rentable.

Y como colaboradoras, también nos toca hacer nuestra parte: actualizarnos, ser flexibles y abrirnos a las nuevas generaciones, porque el talento no tiene fecha de caducidad. La verdadera pregunta es: ¿Seguiremos permitiendo que la edad nos defina o construiremos un entorno donde todas podamos crecer sin miedo?

«La clave está en dejar de ver la edad como un problema y empezar a verla como lo que realmente es: un activo que bien gestionado puede impulsar el crecimiento de cualquier organización.»

Construye el puente por el que tú y tus generaciones pasaran…
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