Me encanta platicar y conocer personas, pero más aún me fascina escuchar sus historias. Un día, mientras escuchaba “Ganar podcast” con Ilde Avilez, recordé a Julio (nombre ficticio para mantener su anonimato).
A principios de este año, tuve la oportunidad de platicar con él para obtener cierta información que necesitaba para una investigación y, en esa conversación, nos pusimos al día. Julio me compartió algo valioso: el ecosistema de agradecimiento que ha sacado a su empresa adelante durante todos estos años.
Durante la pandemia, Julio se dio cuenta de que este ecosistema ya existía en su empresa como parte de su cultura laboral. Me compartió su aprendizaje diciendo que, en los duros momentos de la pandemia, entendió que todas las acciones que hacemos deben detonar el sentimiento de gratitud.
Esto no solo incluye reconocer el trabajo bien hecho, sino también aprender a agradecer los errores, fracasos y desilusiones, ya que son valiosas oportunidades de aprendizaje.
Julio recordó una lección de su padre, quien le enseñó a agradecer incluso por las equivocaciones. Su padre tenía una panadería y un día, cuando Julio era niño, llegó un cliente a comprar pan. Julio, sin saber los precios correctos, inventó uno mucho menor.
Al llegar su padre, descubrieron que faltaba dinero, justo el monto necesario para pagar la renta de la casa. Aunque este error afectó a toda la familia, su padre aprovechó la oportunidad para enseñarle a ser agradecido, incluso en las situaciones negativas, porque de lo malo siempre surgen cosas buenas si capitalizas el aprendizaje.
Durante la pandemia, Julio tuvo dificultades para pagar la nómina, pero un gran porcentaje de su plantilla se presentó a trabajar con la probabilidad de no recibir salario. Me confesó que siempre les pagó a los que fueron, ya que ellos mismos generaban la nómina con su trabajo.
Un día, preguntó a una señora por qué iba a trabajar si le quedaba lejos el almacén en plena pandemia, y ella le respondió: «Porque soy agradecida». Fue entonces cuando Julio entendió que había hecho algo bueno todos estos años: había creado lo que él llama un ecosistema de agradecimiento.
Observando su cultura laboral, notó que incluía reconocimientos continuos a los colaboradores con palabras como «gracias», «es importante tu trabajo» y «agradecemos de tu apoyo». Se esforzaban por ser cordiales y apreciativos incluso en los errores.
Además, combinaban incentivos en especie y monetarios, y celebraban tanto los pequeños como los grandes logros. Tenían tableros de agradecimiento y promovían un ambiente donde todos se sentían valorados.
Y todo lo anterior me llevó a pensar en lo agradecida que estoy, en lo afortunada que soy. Hace justo un año, en julio, pasé por una situación desagradable, una de esas situaciones que piensas que nunca te pasarán, de las que te advierten tus padres incluso en la edad adulta.
Sin embargo, la cultura de agradecimiento que me inculcó mi familia desde niña y el ecosistema laboral de agradecimiento que me cobija me hicieron agradecer la adversidad y salir adelante de la mano de Dios. Algo se rompió dentro de mí, pero a la vez, esto permitió una transformación.
El aprendizaje me llevó a alturas más altas y a reinventarme. Después de esto, por primera vez llegamos a la meta del presupuesto anual en Partners. Todos pasamos por momentos difíciles y complejos, tanto a nivel personal como profesional. Es en estos momentos cuando el agradecimiento se vuelve aún más crucial.
Agradecer incluso por los desafíos y fracasos puede cambiar nuestra perspectiva y así fortalecer nuestra resiliencia. Apoyar a los colaboradores en momentos complejos de su vida es la puerta al agradecimiento.

