El otro día, alguien me dijo: «No eres la misma persona que hace 10 años.» y sí, tiene razón. Porque todo lo que soy hoy es el resultado de las decisiones que tomé… O dejé pasar.
A veces creemos que al no decidir, las cosas seguirán igual, o mejorarán, pero no es así. No tomar una decisión también es una decisión, y sus efectos nos alcanzan tarde o temprano. Como líderes, nos pasa lo mismo: postergamos cambios, evitamos conversaciones incómodas o asumimos que todo está bien, cuando en realidad solo estamos dejando que otros decidan por nosotros.
Hoy, diez años después, sé que muchas decisiones que en su momento me parecieron pequeñas me trajeron hasta aquí. Algunas las volvería a tomar igual, otras no. Pero todas me enseñaron. Así que cuando llegue el momento de elegir, recuerda: no decidas con la tormenta encima. Respira, observa, y pregúntate si la persona que serás en diez años estará agradecida por la decisión que tomaste hoy.
Las mejores decisiones no se toman con la tormenta encima. Se toman con claridad, con visión de futuro, preguntándonos: ¿la persona que seré en 10 años, o la empresa que quiero construir, agradecerá esta elección? Todo lo que sucede es consecuencia de una decisión. La clave es asegurarnos de que sea nuestra.
«No son tus decisiones del pasado las que te definen, sino las que eliges hoy.»
¿Tienes alguna vacante?

