En estas semanas he estado buscando un Director Nacional de Recursos Humanos, y entre entrevistas con candidatos y conversaciones con empresas —muchas de ellas internacionales que operan en México— me he dado cuenta de algo que se repite: el enfoque de este año está en cuidar la salud y el equilibrio de las personas.
Dicho de muchas formas, pero va hacia lo mismo: el bienestar ya no es un lujo, es una necesidad. Cada vez más empresas entienden que si la gente no está bien, no hay productividad que aguante.
Hace poco platiqué con un director de una empresa transnacional que me contó una historia que sentí honesta. Venían de un 2024 fabuloso, con excelentes resultados, pero este año fue distinto.
La productividad bajó, aumentó la rotación y el ambiente se sentía pesado. Cuando analizaron la situación, el diagnóstico fue claro: la gente estaba desgastada. No por falta de compromiso, sino por exceso de exigencia.
Vivimos tan aprisa, queriendo cumplir con todo, que no dejamos espacio para recuperarnos. Y en un entorno económico incierto, muchos trabajan con miedo a perder su empleo, aunque eso los lleve al límite.
Esta empresa decidió hacer algo diferente. Trajeron equipos de otros países, revisaron sus prácticas y descubrieron que el ritmo diario no daba oportunidad para descansar.
Invirtieron en tecnología —no para sustituir puestos, sino para facilitar tareas—, recortaron los horarios de salida y reestructuraron rutinas para permitir más equilibrio, buscando que la gente pudiera tener vida después del trabajo.
El cambio no fue sencillo, pero poco a poco se reflejó: menos rotación, más energía, más compromiso. ¿Sabes qué descubrieron? Desempeño sostenible. Esa es la clave. Lo entendieron bien: cuidar a la gente también es cuidar el negocio.
Esta empresa se dio cuenta de lo que menciona Anne Helen Petersen en su libro Can’t Even: How Millennials Became the Burnout Generation: el “burnout” muchas veces no se nota, porque la gente sigue cumpliendo, entregando, funcionando… hasta que de repente se apaga.
En países como el nuestro, donde aún cuesta hablar de salud mental o descanso, ese tipo de agotamiento pasa desapercibido y se normaliza: “así es trabajar”. Pero ella advierte que ese modelo no es sostenible: la productividad cae, la creatividad desaparece, y lo que antes era pasión se vuelve apatía.
Y algo importante: el burnout no distingue niveles. También lo viven los directores, gerentes y líderes. Entre más responsabilidad, más presión y más desgaste silencioso. He visto personas con grandes puestos, proyectos exitosos y equipos fuertes, pero internamente agotadas.
Porque estar al frente también implica sostener a otros, tomar decisiones difíciles y no mostrar cansancio. Por eso, hoy más que nunca, debemos entender que el bienestar es una estrategia de vida y de negocio.
Cuidar la salud mental, emocional y física de todos —sin importar el puesto— es la única forma de sostener empresas humanas, estables y productivas.
¿Estás por abrir una vacante importante?

