Hace poco, en un proceso de selección para una posición clave, un director me dijo:
“Quiero a alguien fuerte, estable, que no me falle cuando el mercado se complique”.
Revisamos perfiles: experiencia técnica sólida, trayectoria continua, logros claros.
Pero hubo una candidata que llamó mi atención por algo distinto. Su historial no era perfecto en línea recta. Había pausas, cambios, momentos que no encajaban del todo en el formato tradicional. Cuando profundizamos, entendimos que no eran vacíos: eran etapas de vida que la habían obligado a reorganizarse, adaptarse y seguir cumpliendo.
En los últimos meses he confirmado algo que veo constantemente en las empresas: la habilidad más valiosa no siempre es la experiencia técnica, sino la capacidad de adaptación.
Los mercados cambian, los equipos enfrentan presión y las circunstancias personales también influyen. No todo se controla, pero sí se puede elegir cómo responder.
Si quieres encontrar verdadera estabilidad en un colaborador, no te fijes solo en lo que ha logrado cuando todo iba bien. Observa qué ha vivido y, sobre todo, cómo reaccionó ante ello. La resiliencia no se declara, se demuestra en silencio: en la constancia, en el compromiso sostenido y en la actitud frente a la dificultad.
La adversidad bien gestionada construye personas más empáticas y más estratégicas. Y esas cualidades impactan directamente en la cultura y en los resultados.
Hay algo que tengo claro: si quieres equipos sólidos, no busques historias perfectas. Busca carácter. Ahí es donde realmente está el valor.
¡Sonríe!
Paty Vargas

