Después de muchas entrevistas, entendí algo:
las respuestas se pueden preparar, la forma de pensar no.
Por eso siempre hago esta pregunta:
“Cuéntame de una decisión difícil que hayas tomado.”
No la hago para poner en aprietos a nadie.
La hago porque ahí es donde la persona baja la guardia.
Y ahí empieza a asomarse quién es de verdad.
No me fijo en que la respuesta sea perfecta.
Me fijo en cómo la cuenta, si asume su responsabilidad, si analiza o improvisa y la que me encanta… qué aprendió. Se sorprenderían las respuestas. A veces es un pergamino de justificaciones.
Porque al final, más allá del CV,
lo que realmente importa es cómo va a decidir cuando esté dentro.
Y eso no se finge porque somos lo que somos….
¡Sonríe!
Paty Vargas

