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Hace un año, levantar el teléfono bastaba. Llamabas a un candidato y te contestaba, y si no, era ese día, era al siguiente. Hoy, esa simple acción se ha vuelto un reto. Muchos teléfonos bloquean automáticamente los números desconocidos y, cuando decides enviar un mensaje de WhatsApp, pueden pasar días sin que sea leído.

No se trata de falta de interés, sino de desconfianza. Entre fraudes, suplantaciones y estafas, las personas prefieren protegerse. En medio de ese contexto, los reclutadores tratamos de conectar sin parecer invasivos.

Reclutadores reportan que más del 60% de sus llamadas no son respondidas, y eso alarga el “time to fill”, genera frustración y obliga a reinventar la forma de contactar.

Este fenómeno está cambiando profundamente la forma en que atraemos talento. Antes, una llamada bastaba; hoy se necesita confianza, contexto y paciencia. Ya no se trata solo de contactar, sino de generar credibilidad. La gente quiere saber quién eres, por qué la estás buscando y si puede confiar en ti. No es desinterés, es una nueva manera de cuidar su seguridad.

Y entonces llega la pregunta: ¿qué hacemos ahora? Estamos cambiando. Aprendiendo a avisar antes de llamar, a enviar mensajes previos, a personalizar el contacto. Las empresas están comenzando a usar números identificables, fortaleciendo su marca empleadora y cuidando el tono de cada comunicación. Hoy entendemos que lo más importante no es que el talento conteste, sino que quiera responderte.

Para lograrlo, los liderazgos también deben transformarse: ser más empáticos, resilientes y humanos. Reclutar ya no se trata solo de cubrir vacantes, sino de reconectar con las personas.

Pero lo que realmente marca la diferencia es fortalecer la reputación, la marca empleadora y la coherencia. Todo apunta hacia lo mismo: el mejor escenario ya no es salir a buscar, sino lograr que la gente quiera venir a ti. Para eso se necesita autenticidad, comunicación clara y una cultura que inspire.

Atraer talento nunca fue fácil, pero ahora es más complejo. Medimos todo en tiempos, resultados y productividad, pero reclutar no es solo llenar vacantes: es construir relaciones duraderas basadas en confianza y propósito desde antes de contratar.

Llamar ya no es suficiente; escuchar, comprender y adaptarse sí lo son. Porque detrás de cada silencio al teléfono hay una historia, y detrás de cada nuevo proceso, una oportunidad de hacer las cosas mejor.

¡Sonríe!

– Paty Vargas.