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Nunca se me va a olvidar mi primer día en el trabajo formal. No conocía a nadie, llegué con ese nervio que da cuando todo es nuevo: caras nuevas, procesos nuevos. Me sentía como Bambi, sí, perdida…

Yo no tomo café, así que en vez de preguntar dónde estaba la cafetera, pregunté:
“¿Dónde hay hojas blancas?”

Necesitaba imprimir y no sabía ni por dónde empezar. Era por ahí de 2007, si mis cálculos son correctos. Tenía el folder en la mano, la bolsa medio abierta y esa cara de “¿alguien me puede ayudar?”.

Una compañera me vio, se levantó sin decir mucho y me llevó. Me enseñó dónde estaban las hojas, cómo funcionaba la impresora, y hasta me dio un tip de dónde solían esconder las cosas de papelería. “Luego se acaban rápido”, me comentó. No era de mi área, no tenía por qué ayudarme, pero lo hizo. Y yo me sentí acompañada.

Eso me hizo recordar las palabras de Tere, una compañera que en algún momento me dijo:

“Eres muy afortunada”. Y sí, lo soy. Me di cuenta de algo: a lo largo de mi vida siempre ha habido personas que, sin decir mucho, simplemente me han dado su apoyo. A veces con una acción, otras, solo con estar.

Incluso, haciendo memoria, no recuerdo un solo jefe que no haya dejado algo bueno en mi historia. Cada uno, con su forma, con su estilo, tocó mi vida de manera positiva. Todos, sin excepción, me enseñaron, me impulsaron o me tendieron la mano cuando lo necesitaba.

Con el tiempo, y escuchando historias de otras personas, me di cuenta de que no todos tienen esa historia. No todos se sienten vistos, escuchados o apoyados. Y eso también habla de cultura. De la forma en que una empresa te recibe, te acompaña, te hace sentir que perteneces o que solo estás de paso.

El primer día en un trabajo te marca. A veces te marcan para bien, otras veces solo sobrevives. Muchos sobreviven, se hacen más fuertes, sí… pero no se quedan.

Y es que el onboarding no es solo una lista de pendientes o un PowerPoint con la misión y visión. Es el tono con el que te dan los buenos días, la disposición para ayudarte aunque estés en otra área, la sensación de que alguien se dio cuenta de que llegaste.

Hoy lo veo con más claridad: la forma en que recibes a alguien puede ser el inicio de una historia larga o una más de paso.

Y tú, ¿te acuerdas quién te recibió cuando llegaste?
¡Sonríe!
– Paty Vargas.