No me refiero a lo que «querías ser de grande», sino a esos sueños que te hacían brillar los ojos. A esa emoción de descubrir, inventar, intentar. A esa libertad de crear sin miedo a equivocarte. Esa parte de ti que no conocía límites, que jugaba a ser astronauta, maestro, constructor, artista o empresario… sin pensar si eso era realista o no.
Hoy quiero invitarte a hacer una pausa y recordar. A reconectar con esa niña, ese niño que fuiste antes de que empezaras a escuchar frases como “eso no es para ti”, “mejor elige algo más seguro”, “así no se hacen las cosas”.
Antes de que te moldearan. Antes de que tuvieras que actuar «como un profesional», o dirigir «como se espera de un líder». Nos empezaron a decir cómo debíamos ser. Y está bien, era parte del proceso. Pero no podemos olvidar lo que vino antes: esa esencia auténtica, valiente y curiosa que sigue dentro de nosotros.
La neurociencia lo confirma: cuando activamos zonas del cerebro relacionadas con la imaginación y la exploración —como el hipocampo y la corteza prefrontal— se estimula también la creatividad, la resiliencia y la conexión social. En otras palabras: recordar y reconectar con ese niño o niña que fuimos… también nos ayuda a ser mejores líderes.
He aprendido que muchos de los problemas que enfrentan los líderes hoy —la desconexión con sus equipos, la dificultad para inspirar, la rotación de personal, el agotamiento— no se resuelven con más herramientas técnicas, sino con más autenticidad.
Liderar no es un personaje que nos ponemos. Es una forma de habitar el mundo y es la forma que tú eliges. Y cuando recordamos quiénes éramos antes de que nos dijeran cómo debíamos ser, aparece algo valiosísimo: la valentía de probar, de escuchar, de decir “no sé”, de atrevernos a hacer diferente y hacer las cosas diferentes.
Aparece también la curiosidad: ese motor silencioso que hace que aprendamos, que preguntemos, que nos interesemos genuinamente por la gente que tenemos al lado. Hoy, más que nunca, ocupamos volver a mirar con ojos de niño: sin etiquetas, sin juicios, con la disposición de construir juntos.
Tus colaboradores no están buscando solo un buen sueldo. Están buscando un lugar donde puedan aportar con sentido. Donde se sientan vistos. Donde puedan también ellos ser quienes son, sin máscaras.

