Estos últimos meses, en cada tres reuniones, dos mencionan lo complejo que es lograr que las personas se «pongan la camiseta». Les resulta difícil encontrar a la persona indicada para el puesto.
Cuando escucho sus historias, lo comparo con la siguiente analogía: no queremos que nuestros hijos solo hagan sus deberes porque se lo decimos o porque les imponemos consecuencias desagradables si no lo hacen. Queremos que hagan sus deberes porque entienden su importancia y porque quieren hacerlos. Como padres, inculcamos disciplina porque es por su bien, y ahí radica el reto.
De manera similar, en las organizaciones, la pregunta del millón es: ¿cómo hago que los colaboradores cumplan sus deberes porque quieren hacerlo y hacerlo bien? Escucho con frecuencia la respuesta: «Para eso les pago, para que hagan el trabajo y lo hagan bien«. Sin embargo, resulta que eso no es suficiente. Los resultados no siempre se dan, incluso aplicando consecuencias.
Me encanta observar a las organizaciones y ver cómo reaccionan en grupo. Algo que he notado es que aquellas empresas que logran un compromiso genuino de sus colaboradores tienen un factor en común: un líder que, aunque parezca romántico, inspira mediante confianza y entusiasmo, y que entiende que solo si confían, te escucharán de verdad.
Cuando un colaborador te escucha, entonces puedes influir. Un líder consciente proporciona un entorno que permite prosperar no solo de forma monetaria, sino también emocional, mental y espiritualmente. Lograr que los colaboradores se «pongan la camiseta» y trabajen con compromiso y entusiasmo va más allá de simplemente pagarles por su tiempo.
Requiere conectar a los colaboradores con un propósito superior.Cuando los colaboradores sienten que su trabajo tiene un valor real y que son parte de algo más grande, están más dispuestos a ir más allá en su desempeño y a cumplir con sus deberes porque quieren hacerlo, no solo porque deben.
«El liderazgo consciente no se trata solo de ser un buen jefe, sino de ser una persona completa y auténtica que inspira a otros a alcanzar su máximo potencial.»
— Fred Kofman
¡Sonríe!

