Seleccionar página

En los últimos meses, he notado algo que no deja de darme vueltas en la cabeza: ¿cómo definimos el verdadero talento? Vivimos en una sociedad que, muchas veces, se deja llevar por las apariencias. Pero el talento no está en un rostro perfecto ni en un cuerpo que cumple con estándares de belleza impuestos por nadie.

El talento, la verdadera capacidad de hacer algo extraordinario, viene de adentro: del conocimiento, la experiencia y la actitud. Hace unos días, un cliente me sorprendió gratamente. Me comentó que estaba buscando hacer un cambio en su empresa: quería incluir a personas con discapacidad en su equipo.

Y no solo eso, estaba dispuesto a acondicionar su espacio para que realmente se sintieran cómodas y valoradas. ¡Wow! Esto me llenó de esperanza y me hizo reflexionar sobre cómo podemos ser mejores como sociedad. Todos los días recibo currículums de personas que buscan una oportunidad, pero enfrentan barreras por cuestiones que no tienen nada que ver con su capacidad para aprender o generar resultados. Algunos tienen una discapacidad; otros simplemente rebasan los 50 años o son mujeres que pasaron los 40 y, para el mercado laboral, pareciera que ya «caducaron».

Por otro lado, hay jóvenes recién egresados que enfrentan salarios menores a $10,000 y terminan prefiriendo emprender o autoemplearse. En empleos de mayor rango salarial, es complicado que los contraten. Recuerdo cuando Jorge, de 23 años, me preguntó: «¿No tengo experiencia y por eso no valgo lo que aspiro? Pero tengo habilidades, manejo tecnología y eso es un plus. ¿Eso no tiene valor?»

En otro aspecto, también están las mujeres con hijos pequeños o aquellas con niños que requieren cuidados específicos, como TDAH o autismo. Ellas también quedan fuera del mercado laboral porque las dinámicas de trabajo no están diseñadas para que puedan combinar el cuidado de sus hijos con un empleo.

Y aquí es donde quiero detenerme: ¿qué estamos perdiendo al cerrarnos a estas posibilidades?

Cuando decimos que no hay talento, ¿realmente estamos buscando en los lugares correctos? He visto empresas pasar meses sin cubrir un puesto porque buscan al candidato perfecto, encajado en un molde que quizá ya no existe. Mientras tanto, hay personas llenas de experiencia, con historias de vida enriquecedoras y una actitud inquebrantable, esperando que alguien les dé la oportunidad de demostrar de lo que son capaces.

Estamos en 2025, un año que debería recordarnos que el mundo necesita más humanidad. Ayudar a otros no solo transforma la vida de quienes reciben la ayuda; también cambia la nuestra. Incorporar a personas con discapacidad o valorar la experiencia de alguien mayor no es solo una cuestión de ética. Cambiar las dinámicas de trabajo para dar oportunidades a jóvenes o mamás en plena crianza es una decisión inteligente.

Las empresas que lo hacen suelen descubrir una lealtad, un compromiso y una diversidad de pensamiento que les da una ventaja competitiva. Este año, lanzamos el programa de capacitación «Visión Holística del Reclutamiento», con un enfoque estratégico en reconocer el potencial único de cada candidato. Esta estrategia fomenta una cultura más inclusiva y diversa que impulsa el éxito organizacional.

¿Te has preguntado qué pasaría si fuéramos más empáticos? Tal vez la historia de Culiacán sería distinta. Todo empieza en nuestro espacio.

¿Tienes alguna vacante?

¡Te ayudamos a cubrirla!