Una de las preguntas más comunes que nos hacen es: «¿Cuánto se paga por este puesto?» Es una cuestión relativa; cada empresa decide a qué dar valor en un tabulador salarial. La respuesta se basa en criterios simples como las horas trabajadas, siguiendo la normativa de las 48 horas semanales.
Otras veces, se le da importancia a la experiencia técnica y, en menor medida, a la complejidad del puesto. Sin embargo, esta última suele quedar a criterio, lo que puede llevar a subestimar la verdadera naturaleza del trabajo.
Me ha tocado levantar perfiles para distintos puestos, donde las empresas describen las funciones y responsabilidades y aseguran que el trabajo es «fácil». Un ejemplo común es el de atención al cliente, donde las tareas básicas como recibir llamadas y dar seguimiento a peticiones parecen simples a primera vista.
Pero lo que no se menciona es la presión constante de los clientes que buscan respuestas inmediatas, la necesidad de entender y resolver problemas que muchas veces requieren la intervención de otras áreas, y la frustración de los clientes cuando las cosas no salen como ellos esperan.
El colaborador en un puesto de servicio al cliente no solo ejecuta tareas; enfrenta una carga emocional significativa al lidiar con situaciones difíciles y mantener la calma frente a clientes insatisfechos. Este desgaste emocional es crucial para cualquier persona que quiera entrar en el proceso de selección y, aún más, para aquellos que deseen permanecer en el puesto.
Recientemente, una empresa nos buscó después de intentar por sí sola durante seis meses sin resultados satisfactorios. Al investigar más a fondo, descubrimos que la carga emocional del puesto era un factor determinante para los candidatos. De las 12 personas que entrevisté, 9 mencionaron que la carga emocional no estaba adecuadamente compensada en la oferta salarial.
Como agencia de reclutamiento, hemos observado que los candidatos ahora buscan mucho más: Una remuneración que considere siempre la carga emocional que conlleva, y la calidad de vida que la empresa puede ofrecerles. Ahí radica la verdadera naturaleza del trabajo: en la complejidad emocional de un puesto, algo así como qué te hace sentir.
Como señala Fred Kofman, uno de los pioneros del liderazgo consciente, «el verdadero liderazgo no es sobre producir seguidores, sino sobre crear más líderes». Esto implica reconocer la complejidad del trabajo, la carga emocional que conlleva y la calidad de vida que el puesto puede ofrecer.
Al hacerlo, se promueve un entorno donde los colaboradores no solo se sientan valorados, sino también empoderados para liderar en sus propias áreas, contribuyendo a una cultura organizacional más sostenible.
Un salario justo debe reflejar no solo el esfuerzo físico y mental, sino también la capacidad de mantener un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida familiar.
¡Sonríe!

