Seleccionar página

Fer, director de una agencia de marketing, estaba agobiado. Sentía que su equipo no lo ayudaba a alcanzar las metas. Hacía junta tras junta, pero el resultado siempre era el mismo: los objetivos no se cumplían. Los empleados asumían muchos compromisos que no cumplían, se culpaban unos a otros y Fer los responsabilizaba a ellos por no llegar a las metas.

La frustración y la desconexión eran constantes. Un día, después de otra junta de viernes que terminó en fracaso, Fer tuvo una conversación reveladora con un amigo. Su amigo le dijo: «Tu gente no es proactiva». Esta pregunta quedó rondando en la mente de Fer.

Ese fin de semana, Fer decidió ir a su casa de la playa para reflexionar. Se tomó unas horas para meditar, agradecer y hacer una profunda introspección sobre su liderazgo. Se empezó a cuestionar: ¿Qué sucede? ¿Qué hice? ¿Qué dejé de hacer? Cada respuesta le daba nuevas ideas, que fue anotando cuidadosamente.

Finalmente, llegó a una pregunta crucial: «¿Qué debo cambiar para que las personas de mi equipo reaccionen de manera distinta?«. En ese momento, Carlos comprendió que no se había hecho realmente responsable de los resultados.

Se dio cuenta de que la solución siempre empieza por uno mismo y que siempre hay algo que se puede hacer o cambiar. Las personas proactivas tienen la capacidad de elegir su comportamiento, de ser ecuánimes ante situaciones difíciles y de hacerse responsables de las circunstancias.

Se dio cuenta de que, si quería que su equipo fuera proactivo, él tenía que ser el primero en adoptar esa actitud. La proactividad está muy ligada a la libertad de decidir, no es solo tomar la iniciativa, es asumir la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.

“El ser humano es producto de sus decisiones más que de sus condiciones.”
 Viktor Frankl.
¡Sonríe!